Publicado por Seba Correa el 10 September 2009
Se la jugó Sebastián Piñera con su anuncio de la “revolución digital”. Debe ser, quizás, la primera vez que un candidato presidencial incorpora a su campaña un plan de desarrollo de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs). Bueno, están de moda, pero para ser sinceros, ¡ya era hora que algún candidato lo hiciera! Es inconcebible que con el 2010 a la vuelta de la esquina, no lo consideren en sus programas de gobierno cuando cerca del 43% de la población tiene acceso a Internet. Y peor aún, más de la mitad no tiene.
Chile ha mejorado su estándar en el uso de las TICs a todo nivel. Hace ya un par de años se viene hablando de potenciar al país como foco de desarrollo para que empresas americanas y europeas hagan offshoring en nuestras tierras. Los salarios significativamente más bajos y la alta capacidad de programadores e ingenieros lo han hecho un lugar atractivo donde externalizar. Desde el ambiente web también se ha buscado posicionar a Santiago como el Silicon Valley Latinoamericano; aunque Argentina se nos adelantó (¡era que no!), favorecidos por gigantes como Yahoo o Google que tuvieron oficinas en Buenos Aires mucho antes. Sin ir más lejos, Larry Page, fundador de Google, se reunió con Cristina Fernández en 2007 y ni siquiera se dio la molestia de pasar por Chile… claro, Michelle Bachelet estaba muy ocupada recibiendo a Shakira en La Moneda como para invitarlo.
El país necesita una política clara en relación a las TICs. Es el momento para hacerlo porque no estamos ajenos al fenómeno global de la brecha digital y la desigualdad en el acceso a la información, donde las personas de escasos recursos están quedando rezagadas. Esta brecha va generando ciudadanos de primera y segunda clase; los empoderados versus los postergados; los online versus los offline.
Si a las inequidades económicas ya existentes le sumamos este componente, tenemos una nueva forma de injusticia social.
El foco de la propuesta presentada por Piñera está puesto en:
Hasta acá todo bien, sin embargo, debemos detenernos un momento para analizar dos temas olvidados por el candidato:
1. La revolución debe tener como piedra angular la alfabetización digital y no el simple reparto de aparatos. Convengamos que los equipos son obviamente necesarios, pero la tecnología por si sola no sirve de nada si los beneficiados no saben qué hacer con ella o cómo explotar sus potencialidades al máximo. Padres, profesores, apoderados, niños: todos deben estar instruidos para que el acceso a la información sea real y eficiente. Ese es un largo trabajo que se debe costear y gestionar con centros de capacitación, instructores, tutores, sitios web didácticos, etc; aunque el componente principal siempre será la inquietud y ganas de aprender (elementos intrínsecos en los niños, pero no tanto en los adultos).
Parte fundamental de esta alfabetización es lograr transmitir la fuerza de las TICs e Internet, enfatizando en que existe todo un mundo relacionado a la innovación en red, la colaboración remota, creación de contactos, aprendizaje y la búsqueda inteligente de información, entre otras. Ahí está el real valor.
2. ¿Open source, alguien? El ejemplo brasileño es claro. En 2005 la administración del presidente Lula determinó el uso de Linux en vez de Windows en la gestión de gobierno, logrando ahorrar hasta US $120 millones al año en licencias. Una estrategia digital que cuente con la adopción de software de código abierto es significativamente más barata que una con tecnología propietaria. Sin duda es un elemento a considerar cuando es el Estado el que deberá costear la disminución de la brecha con recursos públicos. No sólo sería un gasto mejor administrado, sino además permitiría hacer inversiones adicionales con el ahorro logrado.
Es positivo que este tema esté en la agenda de gobierno de al menos uno de los candidatos. La forma de ejecutarlo será determinante para lograr los resultados esperados. De todas formas Piñera no corre solo y no estaría de más saber cuál es el plan de Frei o ME-O al respecto. Cualquiera que llegue a La Moneda tendrá una dura tarea, porque cuatro años sin avanzar en esta materia pueden ser fatales y crear diferencias aún más profundas y difíciles de solucionar. Es hora de dar el paso para que todos los chilenos sean ciudadanos activos de la sociedad del conocimiento; hora de lograr que este punto de la larga lista de pendientes del país quede definitivamente offline.
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